domingo, 29 de julio de 2007

El teatro en la Colonia

JUAN SOTO IVARS

EL TEATRO EN LA COLONIA


Durante los tres años en que he trabajado como profesor en las colonias de la ILE, el momento más especial para mí ha sido el de la elaboración de la obra de teatro. La creación de un texto que se adapte a los niños de la colonia requiere, primero, una observación y un conocimiento íntimo de los futuros actores, puesto que hay que crear un personaje para cada uno, y ese personaje tiene que ser atractivo, independientemente de su importancia en la historia. Después, hay que analizar cómo se comporta el grupo, y decidir la complejidad del texto y la extensión. Una vez que estas premisas han quedado claras, cosa que suele suceder cuando no queda más que una semana o menos para los últimos tres días de colonia (en los que se ensaya la obra), hay que ponerse a escribir. Amparado por la confianza y la complicidad de los demás profesores, los tres años he huído de mis obligaciones durante tres o cuatro días para encerrarme en un bar a pensar y escribir la obra. El miedo a estar haciendo algo impropio (el teatro infantil es un terreno puramente intuitivo), demasiado complicado o aburrido, es muchas veces el aliciente para continuar, y durante esos días muchas veces las preguntas de mis compañeros (qué tal va la obra, qué personaje hay para tal o cual niño) son momentos en los que uno piensa que hubiera sido mejor tirar de los hermanos Quintero y no meterse en camisas de once varas. Sin embargo, claro está, a esas alturas es tarde. Niños y profesores esperan algo de quien ha estado días chuleando con que la obra de este año iba a ser estupenda. Hay que terminar, y atragantado por las dudas, se termina.

El momento de presentar el texto ante los niños es espantoso. Leen despacio, los condenados, y no dicen una palabra. A esas alturas, tampoco los profesores han leído el texto (jamás hay tiempo), de modo que no tengo otro rasero que el mío para decidir si el texto es bueno o malo. Por lo general las primeras impresiones no llegan hasta el segundo o tercer día de ensayos, cuando las bromas van entendiéndose y los niños, por fin, empiezan a reirse en los ensayos.

Después de tres días de trabajo dedicado exclusivamente al teatro (Lisboa y yo en los ensayos con los niños, mientras el resto de profesores se afanan en montar trajes, escenarios y decorados), llega el momento de máxima emoción para ellos, los niños que se han dedicado en cuerpo y alma a dignificar un texto sacado de la manga. El momento en que, año tras año, decido que merece la pena volver como profesor a esta colonia.
Y es que además, terminar con aplausos la colonia de verano de Villablino me parece un mérito de todos, y me hace sentir orgulloso de los veintiún días que nos hemos dedicado a llevarlo todo adelante. Esos aplausos, al terminar la obra, son los que niños y profesores merecen por haber convivido tanto tiempo, por haberse cuidado unos a otros, por todo cuanto significa venir (o ir) a la vieja casona de Villablino.

2 comentarios:

Alberto dijo...

hola, correzto que guay la obra de teatro me alegro de haber estado en estas colonias. Juan eres un chico muy majo

Anónimo dijo...

alberto lo mismo digo